La diversidad estratégica del póker está formada por todo tipo de jugadas, pensadas para inducir a error al rival o para dirigir el juego en una dirección de manera interesada, haciendo que las posibilidades de un determinado jugador aumenten simplemente haciendo que los rivales pongan el foco en un aspecto del juego donde sea más fácil abrir paso hasta el bote.
Dicho así parece fácil, pero si tienes un poco de experiencia jugando a póker sabrás que las posibilidades estratégicas del juego tienen muchas capas y que no todas funcionan igual de bien con todo tipo de jugadores.
En este post vamos a hablar de lo que son los envites en póker, para qué se utilizan y cómo sacarles todo el provecho antes y después del descarte. Échale un ojo, porque te va a venir bien en algún momento, eso seguro.
Qué son envites en póker

Empecemos por lo básico. El envite es lo que se lleva a cabo cuando un jugador apuesta una suma superior al montante total de apuestas ordinarias. Se ha relacionado con un farol (un bluff), pero no son conceptos que se deban usar como sinónimo.
Estas apuestas muchas veces van ligadas a una jugada falsa, llevada a cabo para engañar a uno o varios rivales, dando la impresión que se pretende algo que en realidad es mentira. Es una buena manera de hacer que el rival quiera cubrir su juego de una manera concreta, sin que prevea que pretendemos justo lo contrario.
Aunque eficaz cuando se hace bien, el envite es una jugada arriesgada, que para que salga bien debe ser usada de manera ocasional y cuya ejecución debe ser perfecta para no levantar sospechas entre los rivales. Si en algún momento alguien se da cuenta de que te estás marcando un farol por culpa de un envite mal hecho, la jugada perderá toda su eficacia y adiós a tu ventaja estratégica.
Envites antes del descarte

En el caso de la apertura del juego con pot o jackpot antes del descarte, los jugadores colocan una cantidad para recibir las cinco cartas iniciales. Los jugadores únicamente pueden abrir en caso de que tengan, al menos, una pareja de reinas. A eso se le llama la ley de apertura, aunque no es obligatorio abrir a pesar de tener, como mínimo, esas cartas iniciales.
En caso de que un jugador abra el juego, los demás pueden unirse al mismo. Pueden aceptar o aumentar el envite, o pasar, quedando fuera y tirando sus cartas.
Si ocurriese que todos pasan sin abrir, las cartas se vuelven a dar. Ahora, cada jugador tendrá que poner la misma cantidad de la vez anterior. En caso de que un jugador abra el pot y el resto pase, podrá llevarse el pot si enseña sus cartas, para comprobar que realmente cumple con la ley de apertura. Si lo desea (es preferible), puede esconder las cartas restantes.
Esto es en caso de apertura con pot o jackpot, pero también tenemos los envites previos al descarte para tomar parte en el juego.
Cuando empiezan los envites, cada jugador, por turnos, puede fichar haciendo el envite mínimo, envidar o pasar. Si ficha, querrá permanecer en el juego, al menos hasta saber lo que hacen los demás. Cuando uno de los jugadores haya lanzado un envite, ninguno de los otros jugadores podrá fichar. Quienes lo hayan hecho con anterioridad, podrán elegir si quieren aceptar el envite, aumentarlo o pasar.
Los jugadores podrán pasar sin quedar eliminados si no hay jugadores anteriores que hayan envidado. Pero si un jugador pasa después de alguno haya envidado, automáticamente quedará fuera del juego. Si esto pasa, deberá dejar las cartas boca abajo en la mesa y no tendrá, en ningún caso, derecho a recompensa alguna.
Envites después del descarte

Los envites en póker después del descarte siguen prácticamente un orden idéntico a los envites previos al descarte. En el pot, es el jugador que abre el que tiene derecho a empezar con los envites. Cada jugador, cuando llega su turno, tiene derecho a fichar, envidar, aumentar el envite previo, aceptar los envites anteriores o pasar.
Para establecer un ganador, se tienen en cuenta los siguientes aspectos en estos supuestos:
- Jugador “mano” envida y nadie acepte el envite.
- Resultado: gana y se lleva todo lo que hay en la mesa, sin enseñar sus cartas.
- Cualquier jugador ficha habiendo pasado los anteriores, y nadie acepta el envite.
- Resultado: gana la jugada y no tiene por qué enseñar las cartas.
- Varios jugadores envidan o reenvidan, y el envite mayor de uno no es aceptado.
- Resultado: gana este último, y no tiene por qué enseñar las cartas.
- Dos o más jugadores equiparan sus envites.
- Resultado: cada uno debe mostrar su juego y gana el que tenga la mejor jugada.
Se ha de tener en cuenta siempre que, en ningún caso, se puede preguntar en mitad de un envite por la cantidad de cartas que se ha ido. Tampoco se puede forzar de ninguna manera a un jugador a jugarse una cantidad mayor de la que se dispone. Si se juegan cantidades más altas por otros jugadores, esas cantidades se separarán del conjunto.