Entre las herramientas de engaño que se utilizan para despistar a los rivales en una partida de póker el farol es la más famosa, pero no es la única. De hecho, después del farol el slowplay es el recurso más utilizado para despistar a los jugadores.

Empezó a ganar popularidad en la primera década tras la popularización del póker online, cuando eso de las partidas en línea no tenía tanto impacto y el póker en línea no era más que un juego para aficionados que no aspiraban a nada en la vida. A día de hoy, el póker online es un juego con un protagonismo similar al póker físico y es jugado por miles de jugadores en todo el mundo. Si eres uno de ellos y has empezado a dar tus primeros pasos en esto del póker, atención porque esto te interesa.

¿Qué es el slowplay en póker?

La premisa del slowplay es muy sencilla: consiste en jugar de forma pasiva una mano para confundir al rival haciéndole creer que no tenemos nada. De esta manera, le tentaremos a robarnos la mano creyéndose ganador cuando, en realidad, tiene las de perder.

La idea cuando un jugador quiere hacer un slowplay es esperar a que haya una apuesta fuerte. Ten en cuenta que el slowplay no solo tiene éxito contra jugadores que farolean, sino que también da buen resultado con jugadores excesivamente conservadores que tienden a sobreproteger sus manos.

Por norma general, el momento ideal para sorprender al rival con nuestro slowplay es al final, haciendo una resubida súbita que rompa todos los esquemas del contrincante.

Sin embargo, ten en cuenta que los novatos y los jugadores menos experimentados en general suelen abusar de esta táctica precisamente por su eficacia, algo que, no obstante, denota falta de experiencia. Un jugador profesional sabrá identificar enseguida cuándo se encuentra ante un jugador de bajo nivel pretendiendo utilizar tácticas avanzadas de engaño, por lo que conviene utilizarlo con cautela en las mesas de más nivel.

Cuando se tiene una buena mano lo mejor es hacer todo lo contrario a lo que propone el slowplay: adoptar una línea de apuestas y resubidas para dar forma al bote cuanto antes.

Precauciones a la hora de echar mano del slowplay

El slowplay, al igual que el farol, puede delatar la presencia de un jugador con poca experiencia cuando se usa demasiado. Pero hay otros motivos que justifican el andar con cautela cuando se trata de una táctica de engaño.

A grandes rasgos, hay dos problemas principales con el slowplay: que podemos perder la ocasión de engrosar el bote, perdiendo así valor nuestra jugada, y que estaremos poniendo en bandeja al rival una carta gratis si nuestra mano presenta alguna fisura.

Normalmente, muchos jugadores que sobrevaloran el slowplay acaban teniendo éxito porque el rival acaba retirándose en un determinado momento de la partida, pero eso no quiere decir que el slowplay fuese la mejor opción, lo que hace que, ante una buena racha utilizándolo, se tienda a perder el contacto con la realidad.

En las partidas No Limit, un slowplay puede recuperar el valor que no se genera en las primeras rondas de apuestas gracias a los overbets, aunque estas jugadas acaban perdiendo rentabilidad cuando se trata de jugadores de alto nivel. Esto no sucede en las partidas Pot Limit, donde resulta muy complicado recuperar el valor perdido en las primeras manos. En Limit, directamente el valor que no se gana se pierde para siempre.

¿Es efectivo el slowplay en el póker online?

Ha sido el póker online el que ha popularizado el slowplay, una táctica que empezó a usarse cuando se estaba en posesión de una mano fuerte y se pretendía demostrar debilidad. Ocultar la fortaleza de una mano de manera convincente puede funcionar muy bien contra jugadores precipitados e impulsivos, aunque en el término medio está la virtud y es necesario saber cuándo hay que parar.

El slowplay, sin embargo, puede ser aprovechado por el rival, dado que estarás regalando cartas de mucho valor con las que tu mano podría no bastar si no has previsto bien la jugada, tenlo presente.

Cuándo hacer slowplay sin dudarlo

Hay situaciones en las que el slowplay está pidiendo a gritos ser utilizado, y en esos supuestos la tasa de éxito, si no es total, es casi absoluta. Por ejemplo, cuando tenemos una mano imbatible, hacer slowplay es una buena opción para arrinconar a los jugadores y hacer una resubida final inesperada, dando un margen nulo al rival, que se habrá quedado sin capacidad para respondernos.

Cuando nos enfrentemos a rivales muy agresivos o que sean muy ladrones, recurrir al slowplay también es una buena idea. Los jugadores maniac son especialmente peligrosos, los que juegan a cada compás como si se tratara de un showdown. Contra esta clase de jugadores está justificado el querer ocultar el valor real de las cartas, adquiriendo un rol más pasivo.

Pero ten en cuenta que, incluso en estos supuestos, echar mano de manera abusiva del slowplay puede ser contraproducente e incluso puede que no sea la mejor opción para resolver cada mano. Además, una señal de inexperiencia es hacer slowplay cuando se tiene ases, algo innecesario puesto que con los ases ya se dispone de una alta probabilidad de vencer la mano. Hacer slowplay en estas situaciones para nosotros no será útil, pero a los rivales les dará una información valiosísima acerca de tu estilo de juego. Te revelarás como un jugador un tanto impulsivo que mata moscas a cañonazos y que abusa de las tácticas de engaño con facilidad. Desde ese momento, quedarás “fichado” y serás un blanco fácil para los jugadores profesionales, que habrán visto tus debilidades en apenas un momento.