La nueva película protagonizada por Oscar Isaac ha dejado un buen sabor de boca en la crítica internacional. Y no solo es por el despliegue de talento del actor, conocido por su papel en la nueva trilogía de Star Wars y que anteriormente ya dejó ver su potencial en películas como Ágora: se trata de un conjunto de virtudes que, en ocasiones, quedan eclipsadas por una dirección algo conservadora que no afea, pese a todo, el resultado final.

El talento está, y se le esperaba

Oscar Isaac empieza a ser una apuesta segura en Hollywood. Parece que todo lo que toca lo hace bien, aunque lo que le rodee sea un desaguisado de agárrate y no te menees. Porque no lo vamos a negar, el actor guatemalteco – estadounidense tiene talento para llevar varios estadios de fútbol (o salas de cine, ya que hablamos de él), y resultaba difícil que una película como El Contador de Cartas pudiera salir mal. Y es que hay algo que la película sabe hacer bien desde el principio, que es dejar el peso de toda la historia en el personaje que interpreta Isaac.

La película gira en torno a William Tell, un exmilitar y experto jugador de póker que se ve inmiscuido en una historia de dimes y diretes entre una joven un tanto misteriosa y un alto mando militar. Las habilidades de Tell, que sigue pasando muchas horas al día sobre el tapete, serán decisivas para abrirse paso hasta la figura del coronel, el objetivo de la joven que ansía venganza por una historia truculenta del pasado.

A pesar de que la sinopsis, que no desarrollaré más para evitar spoilers de ninguna clase, es un tanto genérica, lo cierto es que el film atesora buenos momentos que saben captar la esencia del póker. No estamos ante un documental, eso está claro, y mucho menos ante un show basado en este juego: es una historia en la que los matices de la personalidad juegan un papel clave y que, en más de una ocasión, dejan entrever su relación con el póker. Al fin y al cabo, el juego acaba teniendo más peso del que en un principio parece.

No obstante, en El Contador de Cartas no importa tanto lo que cuenta sino cómo lo cuenta. No por nada la película ha sido dirigida por el afamado Paul Schrader, guionista de la mítica Taxi Driver de Scorsese: Tell es un personaje con mil matices diferentes. Unos matices que no solo se dejan ver fuera del juego, sino que tienen un papel protagonista durante las partidas.

Esto denota amor y dedicación hacia el póker, ya que la película apenas cae en errores (sí en licencias) cuando trata el juego para hacer avanzar la trama. Teniendo en cuenta que en el póker cada pequeño gesto cuenta y tiene grandes consecuencias en las partidas, era necesario poner el foco en este sentido. Y lo cierto es que las dotes de Oscar Isaac juegan un papel vital en darle al jugador de póker lo que busca y hacer que vea la película con otros ojos. Es un entretenimiento eficaz que va más allá del cine palomitero, y que cuenta una historia que, aunque no es el último hito de la narrativa, sí funciona bien.

¿Qué puede esperar un jugador de póker de la película?

Como te comentaba al principio, la película es puro entretenimiento y está muy alejada del carácter serio de los documentales. De hecho, ni siquiera imita su estilo. Más bien, coquetea con algunos rasgos del cine negro para ofrecer una historia con tintes dramáticos donde el póker se muestra por momentos como un juego visceral, hasta cruel, donde el destino de tres personas se decide en una sola partida.

Algo que también hace bien la película es en utilizar las pausas en el ritmo para profundizar en distintas motivaciones. De hecho, estoy seguro que más de un jugador de póker se verá identificado en algunos de los momentos más duros de la película, ya que las motivaciones personales y la voluntad de alcanzar un nivel mayor pueden llegar a obsesionar y a llevar a actuar de un modo, cuanto menos, cuestionable.

Pero hablemos de póker, que es de lo que se trata. Funciona realmente bien como vehículo conductor de la historia, y la progresión de las jugadas que representa la película está bien hilvanada. No obstante, quizá peque de excesiva “hollywoditis”, ya que hay secciones que, aunque factibles, son altamente improbables. No obstante, es algo que solo los más versados en póker detectarán y que, al fin y al cabo, funcionan bien en el contexto en el que han sido integradas.

Donde más se nota la mano de Paul Schrader es en la forma en la que ciertos aspectos de los jugadores empiezan a manifestarse durante el juego, y la forma en la que lo hacen. Es más, diría que hasta es el culmen de Schrader en este sentido, puesto que estamos ante unos personajes muy bien construidos, con una personalidad formada por mil prismas que se detiene a explorar con efectividad y paciencia, pero sin caer en el sopor y dejando que la historia avance.

En definitiva, un buen producto de entretenimiento que demuestra ser solvente en todos los apartados, con el atractivo indudable que supone ver una actuación distinta de Oscar Isaac (actor versátil donde los haya) y donde Paul Schrader deja ver algunas de sus mejores trazas en cuanto a construcción de personajes, si bien la dirección puede pecar de conservadora por momentos. Altamente recomendable.